lunes, 30 de marzo de 2009

Una opinión de ROBERTO DIAZ

http://www.robertodiazpoeta.blogspot.com/

Maltrato a un creador
Nosotros, los creadores de la generación del ´60, estamos acostumbrados al maltrato, al silenciamiento permanente de nuestra obra, al famoso "ninguneo" digno de los funcionarios y mediocres.La generación del ´60 dio los mejores poetas del país y en cantidad. Revolucionó el lenguaje, volvió a las esencias, despreció el populismo para ceñirse a lo estrictamente popular, rescató temáticas que eran nuestras y que se habían perdido por esa manía tonta y culturosa que los argentinos tenemos: de creer, como tilingos, que lo que viene del exterior siempre es mejor.Y esa generación también entregó sus mártires a la lucha del pueblo cuando muchos de sus buenos exponentes pagaron con su vida durante la dictadura.Pero esto es historia pasada. El presente nos sigue cascoteando; nos encuentra más viejos, pero con las mismas ganas. Seguimos escribiendo, seguimos aportando belleza, seguimos diciendo nuestra palabra, digna y entera como siempre.Los arribistas de toda laya, encaramados en publicaciones de onda, en funciones de alcahuetes, continúan bombardeando a nuestros creadores, a nuestros más genuinos poetas.Ahora, ha sido Héctor Negro, el poeta de libros entrañables como "Bandoneón de Papel", como "El fuego lúcido", como "Para cantarle a mi gente", el extraordinario autor de temas como "Café Tortoni", como "Bien de abajo", como "Esta ciudad" (ganadora del Premio ODOL junto al recordado Osvaldo Avena). El hombre que viene haciendo docencia desde su juventud, escribiendo notas lúcidas y certeras sobre la realidad que nos rodea, sobre la problemática del Tango, sobre esa pasión popular que es el Fútbol. Miembro de las Academias del Lunfardo y del Tango, profesor de la Universidad del Tango, colaborador conspicuo en SADAIC, Negro vive austeramente y nunca ha salpicado su vida honrada con agachadas de canallita, nunca se ha vendido "al mejor postor", nunca ha medrado en este ambiente tan plagado de cucarachas que buscan un poquitín de carroña, aunque sea.Bueno, pues a este formidable poeta que es Héctor Negro, lo acaban de despedir del lugar público donde daba clase porque es !JUBILADO!¿Y qué carajo tiene que ver eso con los aportes que puede hacer alguien tan ducho y tan experimentado y tan conocedor como Negro en las disciplinas que encare? ¿Qué boludez burocrática es esa? ¿Qué destrato infame a uno de nuestros mejores poetas populares?Como estas cosas me sublevan, más allá de que estemos acostumbrados a los golpes de los mediocres, salgo a solidarizarme con el colega y amigo, esperando, fervientemente, que alguien -con alguna neurona en el bolsillo- subsane esta injusticia y ponga a Héctor Negro donde tiene que estar: en un estrado de elegidos que, todavía, y gracias a todos los hados del mundo, puede decirnos su palabra rectora y marcarnos su conducta intachable de años.

Roberto Díaz

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