lunes, 16 de enero de 2017

CHE., COMANDANTE

Traiga su luz, che comandante, alumbre

con su barba que arde, con su fuego

que tanto descoloca a los capangas

del Continente donde usted florece.

 

Suelte su polen cada primavera.

Chisporroteando así, metiendo miedo

y empujando esperanza donde sople su viento,

y el vendaval que con su verbo ocurre.

 

Tomese un mate más, traiga su tango,

su criolla voz americana que echa vuelo.

Su ejemplo que trastroca componendas,

su dimensión tan cielo, sus volcanes.

 

Che de mi tierra, che que estuvo cerca

de esta melancolía que nos anda,

que transformó en erguida rebeldía

sembrándose jugado en tanta hoguera.

 

Che de la pampa que anunció su vuelo

que supo de una isla americana,

de sierras, de cañaverales castigados

y creció con delirio de gigante

 

por selvas y confines donde pueblos

agazapados por sufrir su infierno,

guardaron de sus huesos las semillas

de donde brotan chispas las raíces.

 

Siga multiplicado y floreciendo

donde menos parece, siga erguido

flameando en las banderas del planeta

con resplandor de sol que alumbra auroras

 

que vendrán tras de otro Cristo nuevo.

Compañero y semilla, Comandante

que el hombre designó con sus certezas

para que vuelva y crezca donde la vida sea.

 

 

Che compatriota, che de los de abajo,

multiplique su estrella, siga y siémbrese.

Relámpago y puntual, como usted sabe.

Venga por más y ubérrimas cosechas,

por más resurrecciones, más futuro.

 

Y que se sepa,

Que aquí está, que es algo cierto, que merodea

por pancartas vocingleras

y en terrones de tierra que sangraron.

Repartido en mil vientos que flamean.

Che, comandante de la limpia estrella..

Para anunciar

que hay un fantasma agazapado

en cada borbotón de vida nueva.

Y otro mundo posible

del que ya habrán huído los chacales del miedo.

 

Che, comandante: que anunciaste el hombre nuevo

que está gestándose desde la terca fé que no se entrega,

Desde esta apelación que te rescata y llama

entre el tumulto de un futuro inevitable.

 

                                                              Héctor Negro

 

miércoles, 4 de enero de 2017

LA CUESTIÓN ES SEGUIR

Ya nos duelen bastantes decepciones

y las cosas que fuimos postergando.

Ya no nos venden humo ni ilusiones

y queremos andar, pero avanzando.

 

Ya el optimismo baja sus acciones

Cuando entra la razón en la porfía.

Pero la voluntad con sus razones

Empuja siempre y la esperanza espía.

 

Lo que se llama fe, viene de un fuego

que no se apaga sino que se aviva.

Y aunque vivimos siempre sin sosiego,

 

sabemos que cinchamos hacia arriba.

Que hay un futuro y que no lo entrego.

Que no estoy solo mientras alguien viva.

 

                                          Héctor Negro (2009)

martes, 20 de diciembre de 2016

TODAS LAS NOCHES, TODOS LOS DÍAS

Luciérnagas congeladas flotan sobre la calle

lagrimeando lucecitas que empapan las casas y los muros bajos.

Sobre las veredas pasan sombras fatigadas y dispersas.

La ráfaga de un automóvil desbocado es un disparo a ras del piso

donde él huye veloz puliéndose con una neblina

que no termina de llegar al suelo.

 

Hay huecos de sombras en los umbrales

que quieren meterse en las paredes

intuyendo alguna tibieza en el trajín de las casas.

Se adivinan luces tímidas tras algunas ventanas claudicantes.

Los revoques se descascaran imperceptiblemente.

Mientras el sueño avanza donde las señales de vida

se fueron recluyendo con discreción y sigilo.

La noche se termina de adueñar de todo lo que nos rodea.

Recogerá cansancios crujientes, nervios deshechos,

y otros retazos de vida que se acortaron

entre el trabajo y la ferocidad de la ciudad implacable.

El sueño, en su bolsa, cargará todo como una enorme

burbuja de tiniebla impredecible e insondable.

 

Pero gana la luz, gana la vida y tras el temblor

de las últimas estrellas, se encienden las primeras ventanas,

los primeros ojos del rocío, celebrando el augurio

de un gallo incógnito y el revoloteo cantor

de los pájaros madrugadores que alzan la melodía

de su presagio de claridad invasora

como una algazara inaugural.

El imponente sol se incorpora estallando de resplandor.

Y las palpitaciones de la gente que parte presurosa

hacia su yugo, hacen vibrar las campanadas del día

que ha de volver a fatigarla, a morderles la esperanza

trabajosamente recompuesta.

Pero de ninguna manera apagará su vocación de colmenar.

Que ha de construir, ha de mover, ha de amasar,

ha de poner en marcha las poleas de la jornada

y poco a poco, lentamente, aún en sus retrocesos

y sus claudicaciones,

ha de ir levantando (aún sin darse cuenta),

el inevitable milagro que alguna vez los hará libres

y dueños de todo lo que siembran y hacen arder pacientemente.

                                                                         

                                                                  Héctor Negro/2009

lunes, 12 de diciembre de 2016

EL ARBOLITO

Eran tres arbolitos, más flacos que esqueletos.

Erguidos con penachos de hojas verdes y nuevas.

Débiles como un tallo, arqueados por el viento.

Y hasta limpiando el aire con ágiles maneras.

 

Pero un día una mano malévola y mañera,

lo quebró al más endeble saqueando su follaje,

dejando un hueso flaco, desmelenado y triste,

mutilando sus ramas, con su hazaña cobarde.

 

Llegaron las lloviznas, las brisas y otra mano,

la mano del sol nuevo tejiendo una caricia.

Y el arbolito herido, sin hojas, bebió el aire

con el resto de savia que en su raiz vivía.

 

Tal vez sin darme cuenta, cegado por la prisa

pasé por su costado por no ver su agonía.

Pero fue una mañana que con ojos abiertos,

advertí los verdores que en su altura crecían.

 

¡Qué lección la del árbol y la naturaleza!
¡Qué manera tan simple de enseñarle a la vida!

El no entregarse nunca, el saber levantarse,

el luchar sin rendirse, cara al cielo y al día.

                                                                    H.N./1/2015

miércoles, 7 de diciembre de 2016

VOLAR DESDE ABAJO

Si se trata de volar, mi vuelo es alto

y apunta siempre a las constelaciones.

Y si sueño, mis sueños van de asalto

por donde no los enfríen las razones.

 

De gastar suelas, cargo mucho asfalto,

aunque no se me note en ocasiones.

Por aquí abajo manda el sobresalto

y es bueno despistar a los mirones.

 

Sé escuchar si el que habla algo me enseña

y aprendí mucho de los que la saben.

Si me pasaron tantas contraseñas

que voy zafando descifrando claves.

 

Y así es la vida del que es pobre y banca

su derecho a soñar y a ser derecho.

Que si viene la mala no se manca

y al viento en contra le levanta el pecho.

 

Que lleva un loco corazón despierto

frente al amor y al roce de una rosa.

Y que de tanto caer ha descubierto

que levantarse enseña muchas cosas.

 

Pero siempre cantando, que en el canto

está el milagro de sentir con otros

y encontrarse en el alma de unos cuantos

y en lugar de ser uno, ser nosotros.

 

Por eso vuelvo al sitio de mi vuelo.

Cuando peleando cincha la esperanza.

Tener siempre los pies pisando el suelo.

Y crecer si las alas no me alcanzan.

 

Héctor Negro  7/2009

domingo, 27 de noviembre de 2016

FIDEL !!

Sin Fidel no se se termina de entender la poesía de Héctor Negro y otros poetas de su tiempo. Héctor Negro siempre hablaba de una poesía de Rosario Mase, no se si el Caballo, en la que este decía con satisfacción ver a Fidel barrer con una escoba toda la basura

Fidel Castro Ruz, enorme personalidad y estadista, a la altura de Bolivar y San Martín, es una clave crucial para entender parte de la poesía de Héctor Negro. Hoy se puede decir. El humanismo socialista impregnó la sensibilidad de Héctor Negro, y sumó su cuota de optimismo y esperanza en el hombre y su capacidad de ponerse de pie frente al terror y la injusticia. Todos aquellos que han escrito libros en clave de una supuesta grilla de inteligencia, llena de documentos dudosos y testimonios falsos, solo pueden reptar como cucarachas infames, frente a la luz de la Revolución Cubana.

Poesía y Fidel.

Hasta la victoria siempre. Esta historia nunca terminará hasta que el Imperio y sus tiranos de camisa y corbata no caigan.